Como un cine en sesión continua

Quien soy
Philippe Gloaguen
@philippegloaguen
FUENTES CONSULTADAS:

support.google.com, support.apple.com

Autor y referencias

Sé que a estas alturas todos estamos llegando al máximo nivel de saturación de información sobre el Covid-19, pero no quería dejar de compartir estas reflexiones contigo y, por supuesto, abrir comentarios para intercambiar lo que quieras.

No creo que me aleje demasiado del sentimiento general si llamo a esta experiencia surrealista.

Es como estar en guerra, pero en vez de sonidos de aviones y bombas, una guerra de silencio, aislamiento y soledad.

Lo hemos visto en el cine cientos de veces: un virus maligno que se escapa de un laboratorio (aquí no hay laboratorio, gracias a Dios) y empieza a propagarse imparable.



Asimismo, afortunadamente, esta vez el virus no es necesariamente mortal, pero por lo que dicen sobre el comportamiento y la naturaleza de los virus, muy bien podría haberlo sido.

Así que podemos sentirnos aliviados de que esta vez se trate de una lotería y no de una condena universal.

Probablemente lo que nos están vendiendo como quince días de aislamiento termine siendo un mes o dos, hasta que estemos seguros de que el nivel de infectados es manejable, entonces casi todos enfrentaremos desafíos en la convivencia en los que nunca pensamos. Desde las bromas habituales sobre la pareja (¡Hablo un rato con ella y resulta que es de la misma ciudad que yo!) hasta la relación con los hijos o los abuelos las veinticuatro horas del día durante muchas gran capacidad de negociación para establecer momentos comunes y privados, conversaciones y el tono que deben tener, colaboración en las tareas del hogar...

Esta vez todo es diferente, porque no hay adónde ir, no hay descansos, no hay pausas.

Lo que comenzó como una película apocalíptica se ha convertido en una variante de "El experimento" o, para los más contemporáneos, Gran Hermano.



Un grupo de personas que se conocen en varios niveles: algunos pueden no conocerse en absoluto y otros pueden odiarse, obligados a vivir juntos indefinidamente. Cualquier cosa puede pasar. ¡Incluso si tienen sangre común!

Otro problema es el económico. Un número enorme de familias viven de ingresos semanales e incluso diarios: camareros, taxistas, limpiadores, autónomos, mercerías, ferreterías, pescaderías…

Todos los negocios dependen de los ingresos mensuales. Por cada empresa con “músculo” económico para soportar personal y gastos sin producir, hay miles de empresas que tendrán que cerrar, no de manera temporal, sino definitiva, porque no tienen cómo salvar el hueco en el que tendrá su paralización económica. hundido

Acabábamos de salir de una crisis que ha dejado secos los ahorros y las deudas corrientes, que difícilmente se pueden pagar. Cortar la oferta de ingresos y en pocas semanas habrá miles de familias en extrema pobreza.

Me sorprende la lentitud del gobierno en adoptar medidas que puedan aliviar y tranquilizar a la población. Si alguna vez hubo un momento para la acción, es este. Pero, como es costumbre en los gobiernos de cualquier signo, los ciudadanos son los últimos.

¿Por qué la gente huye de las ciudades?

Sé que todos sabemos realmente la respuesta, pero la dejaré aquí de todos modos.

Las ciudades son por naturaleza un entorno hostil. Es una estructura refractaria sobre la que hemos aprendido a establecer relaciones, quizás incluso como medida compensatoria de la inhumanidad del hormigón y el asfalto.

Cuando luchamos contra un enemigo, todos buscamos instintivamente un entorno que nos haga sentir seguros, amados. ¿Quién puede amar el apartamento dos en el séptimo piso del número 75 en una calle? Es un ejemplo, pero espero que ilustre lo que quiero decir.



Frente al enemigo, si es invisible y puede matar -o dejarlo en la cama durante semanas-, es comprensible que la gente recurra a donde tiene recuerdos felices, recuerdos agradables, personas con las que se identifica.

Es una respuesta instintiva. Ante lo desconocido, a veces reaccionamos irracionalmente. Así como en esta ocasión la irracionalidad se manifestó en la fijación por el papel higiénico en el baño, también se trasladó a huir a un lugar más amable, aunque eso signifique poner en peligro todo lo que nos gustaría conservar (¿si lo pensáramos? con calma).

Huir está mal, porque aumenta las posibilidades de propagarse a lugares que, sin nuestra presencia, podrían haber sido seguros, pero entiendo por qué.

No silenciar el sonido

Una de las cosas por las que tenemos que orar es que el virus permanezca como lo conocemos ahora. Si apareciera una variante (ni siquiera tiene por qué ser peor) y contuviéramos dos cepas diferentes, todo se complicaría exponencialmente.


Las expectativas son que el 80% de la población termine contagiada, algunos pasarán sin darse cuenta, otros con un poco de tos, otros dejarán un sistema respiratorio defectuoso por el resto de sus vidas y otros morirán.

Una vez que se detecta la infección, no hay medicamento que pueda matarla (hasta que haya una vacuna) y solo hay que esperar a que pase.

Lo único que podemos hacer es mantenernos alejados unos de otros y lavarnos las manos a menudo (tanto con jabón como con gel alcohólico) para intentar no contagiarlo. De esta forma, dado que casi todo el mundo tendrá que pasar por ello, cuando toquemos tendremos servicios hospitalarios que podrán atendernos en la medida que lo necesitemos.


Espero que no lo pases, y que si lo tienes que pasar sea leve.

sigamos leyendo

Nota: La sesión continua se llamaba una forma de exhibición de películas, donde la misma cinta se reproducía una y otra vez, para que pudieras ingresar al cine en cualquier momento y quedarte hasta que te "fundieras" con donde comenzaste a mirar.

Imágenes: Unplash, Benetton


Añade un comentario de Como un cine en sesión continua
¡Comentario enviado con éxito! Lo revisaremos en las próximas horas.